Kamadeva, dios del amor
- Susana
- 15 feb
- 3 Min. de lectura
Kama es una deidad muy conocida de la mitología hindú, asociado al amor, el deseo, la atracción y el placer. A menudo se le considera el equivalente indio de Eros o Cupido.
¿Quién es Kama?

Kama es el dios del amor y del deseo, no solo en el sentido romántico, sino como la fuerza que impulsa la vida y la creación. En la tradición hindú,(también llamado Kamadeva), el deseo no es algo negativo en sí mismo, sino una energía necesaria cuando está en equilibrio.
Suele representarse como un joven hermoso que tiene un arco de caña de azúcar, con abejas posadas sobre él, que zumban en torno su arco, y que tienen una especie de elixir o afrodisíaco que despierta una pasión incontrolable. Sus flechas están hechas de flores (loto, jazmín, mango…)
Su compañera es Rati, la diosa de la primavera, del placer y la pasión, con sus símbolos: un cucú, un loro, abejas, y la brisa suave.
Todo empezó con la inmolación de Sati, la primera esposa de Shiva y la ira de éste.
Sati es una manifestación primordial de la energía femenina (Shakti) y la primera esposa de Shiva. Era hija del poderoso rey y sacerdote Daksha, quien nunca aceptó a Shiva por considerarlo un asceta salvaje, ajeno a las normas sociales y rituales.
Daksha organizó un gran sacrificio ritual al que invitó a todos los dioses…a todos excepto a Shiva y a Sati.
Aun sabiendo que no era bienvenida, Sati decidió asistir, movida por el dolor y la necesidad de enfrentarse a su padre. Allí, Daksha insultó públicamente a Shiva, burlándose de su apariencia y su forma de vida.
Incapaz de soportar la humillación hacia su amado y comprendiendo que su propio cuerpo era fruto de aquel padre lleno de orgullo, Sati tomó una decisión extrema:
se arrojó al fuego del sacrificio, inmolándose como acto de protesta, fidelidad y verdad.
No fue un suicidio por desesperación, sino un acto consciente de ruptura con el ego, el orgullo y la deshonra.
Cuando Shiva se enteró, entró en un estado de dolor y furia cósmica, creó a Virabhadra, el guerrero, una manifestación devastadora que destruyó el sacrificio de Daksha, decapitándole (si bien más tarde resucitará con cabeza de cabra).
Shiva recorrió el universo cargando el cuerpo sin vida de Sati, sumido en el duelo, hasta retirarse al Himalaya y sumirse en una profunda meditación.
Del fuego de Sati al renacimiento de Parvati
Tras la inmolación de Sati, el universo queda en desequilibrio. Shiva, devastado por el dolor, se retira al ascetismo absoluto: silencio, montaña, inmovilidad.

Sati había renacido como Parvati, hija de las montañas. Esta vez no llega como esposa automática, sino como mujer consciente, que elige recorrer un camino de disciplina, devoción y presencia para reencontrarse con Shiva. Pero Shiva está tan profundamente abstraído que no es consciente de la existencia de Parvati y continúa en su inmovilidad.
El universo necesita de la acción de Shiva para evitar la desaparición del cosmos, así que los dioses le piden ayuda a Kama, y éste se dirigió al lugar donde Shiva estaba meditando: tenía la misión de conseguir que Shiva saliera de su profunda meditación para reconocer a Parvati.
Tan pronto como Kama el dios del amor, y su compañera Rati, aparecieron, el lugar adquirió los rasgos de la primavera:

Todo el campo floreció y las abejas zumbaban entre las flores. Los cucos cantaban y una fragante brisa comenzó a flotar en el pensamiento del bosque. Shiva intentó concentrarse en su meditación, pero seguía distrayéndose...
Hasta que Kama le disparó sus invisibles dardos, interrumpiendo su meditación y permitiendo que Parvati llamara la atención de Shiva.
Inmediatamente, Shiva se enamoró de Parvati, pero se dio cuanta de que algo extraño había sucedido...
¿Cómo podría su meditación haber sido alterada? ¿Cómo fue que esa temporada parecía ser la primavera, aunque no lo fuese en absoluto? Cuando Shiva miró a su alrededor, sus ojos se posaron sobre Kama, identificándole como el responsable de la situación, y enfureció por el engaño. Del tercer ojo de su frente, brotaron unas llamas que redujeron a Kama a cenizas.
La calamidad no era sólo personal, ya que la aniquilación de Kama (y con ello el deseo sexual), provocaría que el mundo se volviera frígido y nunca más se regenerara. Incluso el casamiento de Shiva y Parvati nunca tendría lugar.
Acudieron los dioses, y con la ayuda de Parvati, Shiva resucitó a Kama, pero su destrucción física había sido total, así que revivió sólo como una imagen mental, de manera que el dios Kama nos lleve a conocer que, íntimamente, no hay mayor pureza que la comunión física y espiritual entre dos cuerpos que se desean.





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